Gertrudis, Hamlet, El fantasma

Los fantasmas en la obra de Shakespeare son frecuentes. Los vemos, entre otras, en Macbeth, Julio César, Ricardo III y ahora en la tragedia Hamlet, príncipe de Dinamarca.

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                                                                               La reina Gertrudis

                                Austin Abbey (Filadelfia, USA, 18521911) fue un pintor e ilustrador

Vimos que se apareció en tres oportunidades en el primer acto. Veamos ahora lo que ocurrió cuando Gertrudis mandó llamar a su hijo, se propone pedirle cuentas. Y como en esta obra todo el mundo espía, Polonio, furtivamente, se hará presente. Veamos

Acto 3, escena IV

En la habitación de Gertrudis, ella y Polonio.

Polonio (A Gertrudis)

Vendrá en seguida. Y procurad que sea

a fondo vuestro ataque. le diréis

que sus raptos de insania fueron harto

descomedidos para soportarlos;

que vuestra gracia le sirvió de escudo

para liberarle de la ardiente cólera…

Yo aquí me esconderé. ¡!Y habladle claro!

 

Hamlet (Desde afuera)

¡Madre. madre, madre!

 

Gertrudis

Os lo prometo; no temáis por mí.

Y retiraos ya; oigo que viene.

(Polonio se oculta detrás de un tapiz. Entra Hamlet)

 

Hamlet

¡Hola madre! ¿Qué ocurre?

 

Gertrudis

Hamlet, has ofendido mucho a tu padre.

 

Hamlet

Madre, has ofendido mucho a mi padre.

 

Gertrudis

¡Bueno, bueno!, contestas con lengua frívola.

 

Hamlet

¡Malo, malo!, preguntáis con lengua liviana.

 

Gertrudis

¡Cómo! ¿Qué es eso Hamlet?

 

Hamlet

¿Qué sucede?

 

Gertrudis

¿Te olvidas quién soy?

 

Hamlet

¡No, por la Cruz!  

Sois la reina; la esposa del hermano

de vuestro esposo, y… ¡ojalá no lo fuerais!…

sois mi madre.

 

Gertrudis

Pues bien voy a traerte

A quienes puedan dirigirse a ti.

 

Hamlet

¡Vamos, vamos, sentaos! ¡No os mováis?

¡No habréis de iros hasta que os coloque

ante un espejo donde podáis veros

hasta el fondo más íntimo del ser!

 

Gertrudis

¿Qué vas a hacer? ¿No irás a asesinarme?

¡Oh! ¡Socorro, socorro!

 

Polonio (Detrás del tapiz)

¡Favor, favor! ¡Socorro!

 

Hamlet (Desenvainando)

¿Qué? ¿Una rata?

(Atraviesa el tapiz de una estocada)

 

Polonio (Desde detrás del tapiz)

¡Muerto soy!

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Gertrudis

¡Ay de mí! ¿Qué es lo que has hecho?

 

Hamlet

¿Y qué sé yo? ¿Es el rey?

 

Gertrudis

¡Oh qué imprudente,

¡Qué sanguinaria acción!

 

Hamlet

¡Sí, sanguinaria!

Tan terrible quizás, ¡oh buena madre!,

como matar a un rey para casarse

con su hermano después.

 

Gertrudis

¡Matar a un rey!

 

Hamlet

¡Sí, señora; tal fueron mis palabras!

(Levanta el tapiz y descubre a Polonio)

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¡Oh triste mentecato, atolondrado

entrometido! ¡Adiós!

Por otro te tomé de más altura.

Resígnate a tu suerte.

Tu mucho celo te llevó a la muerte.

 

Shakespeare resuelve ignorar el asesinato de Polonio. Vino… a lo que vino. Continúa la escena.

 

(A su madre)

Dejad de retorceros ya las manos.

¡Calma, calma! Sentaos.

Y dejad que yo os retuerza el corazón,

que es lo que voy a hacer, si está compuesto

con alguna sustancia conmovible;

si no es que la costumbre abominable

no os la ha torcido en bronce impermeable

que a prueba esté de todo sentimiento.

 

Gertrudis

¿Qué he hecho yo para que así te atrevas

a desatar tu lengua en contra mía

con tamaño rudeza?

 

Hamlet

Una acción tal que empaña con su aliento.

que hace de la virtud hipocresía

al inocente amor quita la rosa

y deja un callo donde florecía,

que hace falsos los votos conyugales

falsos cual juramento de tahúr.

¡Oh! Tal acción, que le arrebata el alma

al cuerpo del sagrado desposorio,

y convierte la dulce religión

en simple rapsodia de palabras.

¡De palabras el cielo se sonroja,

y esta sólida masa de la tierra,

con la faz compungida, cual si el día

del juicio final ya se acercara,

enferma está de angustia ante ese acto!

 

Gertrudis

¡Ay de mí! ¿Qué delito me condena

que antes de aparecer ya ruge y truena?

 

Hamlet

Mira este retrato, y este otro,

dos hermanos fingidos por el arte.

Ved la imagen que anima este semblante:

Los rizos de Hiperión, la frente misma.

De Júpiter los ojos, como Marte,

expresivos de mando y amenaza.

El porte de Mercurio, el mensajero,

sobre un monte del cielo acariciado

que llega hasta los cielos con su beso,

conjunto de excelencias, ciertamente,

donde se piensa que los dioses todos

su sello han puesto para dar al mundo

confirmación del hombre verdadero.

Tal fue vuestro marido. Y ved ahora

lo que sigue. Aquí está vuestro marido,

podredumbre espiga que ha agostado

toda la lozanía de su hermano.

¿Tenéis ojos? Decid ¿cómo pudisteis

dejar de ir a pastar al monte hermoso

para cebaros después en este páramo?

¡Ah! ¿Tenéis ojos? De amor no puede

tratarse, que, a tu edad

la inquietud de la sangre está domada,

y, mansa ya, a ser guiada espera

por la mano del juicio. ¿Y qué juicio

habría de pasarse de esto a esto?

Sentido, ciertamente, si tenéis,

pues que, si no, el deseo os faltaría;

y está embotado, como sin conciencia,

pues tal yerro no hiciera tal locura,

ni fue nunca el sentido tan sumiso

de tal manera al loco frenesí,

que no guardase cierta facultad

de distinción para apreciar, al menos,

tamaña diferencia.

¿Qué diablo os ha engañado

en este juego de la gallina ciega?

Ojos sin corazón, corazón ciego,

oídos ni con manos ni con ojos.

El olfato sin nada, o una parte,

y enferma, de un sentido que esté sano,

no podrían obrar con tal torpeza.

¡Oh! ¿dónde está vergüenza tu rubor?

Si tú, rebelde infierno,

te puedes sublevar así en los huesos

de una matrona, deja que en la llama

de una encendida juventud se vuelva

la virtud blanda cera

y que en su propio fuego se derrita;

que no se escandalice cuando sienta

dar la señal para iniciar su carga

al ardor impulsivo,

puesto que el propio hielo arde lo mismo,

y media la razón con el deseo;

que nadie venga luego

a proclamar vergüenza,

cuando el ardor juvenil la virtud venza.

 

Gertrudis

¡Oh Hamlet! ¡No hables más! Que tus palabras

hacia el alma mis ojos van volviendo,

manchas tan negras, tantas y tan hondas,

que ya no han de poder borrarse nunca,

 

Hamlet

Sí, mas vivir en el sudor infecto

y noches de sudor en cama inmunda,

recocido de abyecta corrupción,

prodigándose allí melosidades,

haciéndose el amor en la pocilga inmunda…

 

Gertrudis

¡Oh, no sigas!

¡Tus palabras son dagas en mi oído!

¡No más, dulce Hamlet!

 

Hamlet

¡Un asesino infame, un miserable!

que no vale una vigésima

de un décimo de vuestro dueño de otros días!

¡Un remedo de rey, un vil ratero

De la soberanía y el poder,

Que hurtó de un anaquel una diadema

Y metiósela luego en el bolsillo.

 

Gertrudis

¡No más!

 

Hamlet

¡Un rey de parches y remiendos!

(En ese momento entra el fantasma)

 

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Como veremos, mientras Hamlet observa y habla con el fantasma, la reina nada observa, nada escucha.

Hamlet

¡Salvadme y protegedme con alas,

guardianes celestiales! ¿Qué queréis,

noble figura?

 

Gertrudis

¡Ay! ¡Se ha vuelto loco!

 

Hamlet

¿No vendréis a increpar a vuestro hijo,

remiso en el momento y en la cólera,

por olvidar el cumplimiento urgente

de vuestra orden espantosa? ¡Hablad!

 

Fantasma

No lo olvides Hamlet.

Solo quiero estimular con mi visita

tu determinación casi inactiva.

¡Mira! De espanto está, presa tu madre.

Interponte en la lucha con su alma,

que en los cuerpos más débiles actúa

la fantasía con mayores fuerzas.

Háblale, Hamlet.

 

Hamlet

¿Qué os pasa mi señora?

 

Gertrudis

¿Qué os pasa a vos, que tu mirada

deja tendida en el vacío, y luego

con el aire incorpóreo así discurres?

Desordenadamente se te asoma

a los ojos el alma, y cual soldados

a quien la alarma despertó en sus sueños,

tus cabellos dormidos,

como excrecencias que tomaran vida,

se agitan y se erizan. ¡Hijo mío!

Sobre la hoguera de tu excitación

salpica el agua fresca del sosiego.

¿A dónde estás mirando?

 

Hamlet

¡A él! ¡A él!

¡Mirad cómo nos clava la mirada

y qué pálido está! Causa y figura,

unidas, predicándole a las piedras,

tornaría sensibles. ¡No me miréis

no sea que el gesto lastimero

modifique el rigor de mis propósitos,

y pierda su color, en vez de sangre, llanto.

 

Gertrudis

¿A quién hablas así?

 

Hamlet

¿Vos no veis nada?

 

Gertrudis

Nada absolutamente; y, sin embargo,

todo lo que hay, yo sí lo veo.

 

Hamlet

¿No oísteis nada?

 

Gertrudis

Nada, solo a nosotros.

 

El fantasma de Hamlet sale.

Hamlet

¡Cómo! ¡Mira allí! ¡Desaparece!

Es mi padre, vestido como en vida.

¡Miradle! Sale por el portal, afuera.

 

Gertrudis

Esto es solo invención de tu cerebro.

En estas incorpóreas creaciones

el éxtasis  es muy astuto.

 

Hamlet

¡El éxtasis!

Mi pulso marca igual compás que el vuestro,

y sigue el mismo saludable ritmo.

No son locuras las que yo os he dicho.

Ponedme a prueba; ya veréis que todo

lo repito palabra por palabra,

y de eso escapa a brincos la locura.

Por favor, madre, no apliquéis al alma

el bálsamo halagüeño de creer

que no es vuestro pecado lo que os habla,

sino mi desvarío. Así, no haríais

más que cicatrizar, cubrir la úlcera,

mientras por dentro, hedionda podredumbre

lo minaría todo sin ser vista.

Confesaos al Cielo; arrepentíos

de lo pasado y evitad aquello

que aun está por venir. No, no arrojéis

más estiércol aun a la cizaña

para prestarle así más lozanía.

Y perdonadme esta virtud indignada,

pues en la hartura de estos crasos tiempos,

la virtud misma ha de pedir perdón

al vicio, y aun implore su licencia

por hacerle algún bien.

 

Gertrudis

¡Oh Hamlet, hijo!

¡Tú me has partido el corazón en dos!

 

Hamlet

Pues arrojad de él la peor parte.

Y, con la otra mitad vivid más pura.

¡Buenas noches! Mas no volváis ahora

al lecho de mi tío. Practicad

la virtud, aun sin tenerla.

El hábito, ese monstruo que devora

todos los sentimientos, aunque sea

el diablo de los hábitos, en esto

viene a ser ángel, pues las acciones

bellas y nobles préstales también

una librea o túnica que pueden

ponerse fácilmente. Conteneos

esta noche, pues eso habrá de haceros

más fácil la próxima abstinencia,

y más aun la que después le siga;

que pueda la costumbre hacer cambiar

el sello, al fin, de la naturaleza

y vencer al demonio, o arrojarle,

con fuerza portentosa, fuera de ella.

Otra vez, buenas noches.

Y cuando ansiéis la bendición del Cielo

yo os pediré la bendición materna.

 

En cuanto a este señor (señalando a Polonio)

yo no me arrepiento;

el cielo, castigándole conmigo,

quiso a su vez que él fuera mi castigo

a mí con él y a él conmigo a un tiempo

que yo fuese instrumento de su azote.

Ahora me lo llevo,

y ya responderé cumplidamente

de su muerte. De nuevo, buenas noches.

Más debo ser cruel para ser bueno:

lo que mal empezó, pero prosigue.

Una palabra más, señora.

 

Gertrudis

¿Pues qué debo hacer ahora?

 

Hamlet

No ciertamente lo que ahora os digo:

Dejar que, ahíto, el rey al lecho os tiente,

que os pellizque, lascivo, las mejillas,

y os llame su paloma; permitidle

que, con un par de sus ardientes besos,

o sobándoos el cuello

con sus malditos dedos,

os haga descubrirle todo esto:

que, en realidad, yo nunca estuve loco,

sino que yo lo finjo.

Bien estaría que se lo contareis,

Pues ¿quién sino una reina

bella, digna, prudente, ocultaría

a ese sapo, murciélago, felino,

tan preciadas noticias? ¿Quién lo haría?

No; a pesar de todo ese secreto

que impone el buen sentido, abrid la cesta

en el tejado de la casa, echad

los pájaros al vuelo, imitando

a aquel célebre mono de la fábula,

para probar vos misma la experiencia,

meteos, en la cesta y desnucaos.

 

Gertrudis

Yo te aseguro que si las palabras

tienen aliento y el aliento es vida,

yo ya no tengo vida con que darle

aliento a nada de lo que me has dicho.

(…)

Hamlet

Madre, muy buenas noches. En verdad

que este, en vida, parlero, majadero,

muy callado, muy quieto está y muy grave.

¡Vamos, señor, a terminar contigo!

Buenas noches, madre mía.

(Sale Hamlet arrastrando el cadáver).

 

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Bibliografía

Sobre la obra

Hamlet, príncipe de Dinamarca, Aguilar, México, 1997 

El Hamlet de Shakespeare. Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1949

https://www.google.com.co/search?q=hamlet%27s+father&biw=1137&bih=708&source=lnms&tbm=isch&sa=X&sqi=2&ved=0ahUKEwiyj6HNtv3PAhWIQiYKHSEnA74Q_AUIBigB&dpr=0.9#q=hamlet%27s%20father&tbm=isch&tbs=rimg%3ACckhBEMt3j2uIjh7VgjPdEg-rLD-lU8pY21VQtZGAvUa-yFXEbYOcB6WgTtnUmp7DjK_1dKKHuqds914-j0kNtzelEioSCXtWCM90SD6sEWnKJcxoDKD8KhIJsP6VTyljbVUR3Og4Tkdlu7EqEglC1kYC9Rr7IRElyG1KBi08yyoSCVcRtg5wHpaBEVvRQmrEkf9qKhIJO2dSansOMr8R

http://www.shakespeare-navigators.com/hamlet/H15.html

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http://www.shakespeare-online.com/plays/hamlet_3_4.html

 

Imágenes

https://www.google.com.co/search?q=hamlet+ghost&biw=1280&bih=662&source=lnms&tbm=isch&sa=X&ved=0ahUKEwi3iNPq75zQAhUD6mMKHcGcCcgQ_AUIBigB#imgrc=LZmvVfhAt7LMPM%3A

https://www.google.com.co/search?q=hamlet%27s+father&biw=1137&bih=708&source=lnms&tbm=isch&sa=X&sqi=2&ved=0ahUKEwiyj6HNtv3PAhWIQiYKHSEnA74Q_AUIBigB&dpr=0.9#q=hamlet%27s%20father&tbm=isch&tbs=rimg%3ACckhBEMt3j2uIjh7VgjPdEg-rLD-lU8pY21VQtZGAvUa-yFXEbYOcB6WgTtnUmp7DjK_1dKKHuqds914-j0kNtzelEioSCXtWCM90SD6sEWnKJcxoDKD8KhIJsP6VTyljbVUR3Og4Tkdlu7EqEglC1kYC9Rr7IRElyG1KBi08yyoSCVcRtg5wHpaBEVvRQmrEkf9qKhIJO2dSansOMr8R

 

Sobre A. Abbey

https://es.wikipedia.org/wiki/Edwin_Austin_Abbey

 

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Versión en inglés

Act 3, scene IV

The Queen’s closet

Enter Queen Gertrude and Polonius

 

Polonius

He will come straight. Look you lay home to him:

Tell him his pranks have been too broad to bear with,

And that your grace hath screen’d and stood between

Much heat and him. I’ll sconce me even here.

Pray you, be round with him.

Hamlet

(Within) Mother, mother, mother!

 

Gertrude

I’ll warrant you,

fear me not: withdraw, I hear him coming.

(Polonius hides behind the arras)

 

Enter Hamlet

Hamlet

Now, mother, what’s the matter?

 

Gertrude

Hamlet, thou hast thy father much offended.

 

Hamlet

Mother, you have my father much offended.

 

Gertrude

Come, come, you answer with an idle tongue.

 

Hamlet

Go, go, you question with a wicked tongue.

 

Gertrude

Why, how now, Hamlet!

 

Hamlet

What’s the matter now?

 

Gertrude

Have you forgot me?

 

Hamlet

No, by the rood, not so:

You are the queen, your husband’s brother’s wife;

And–would it were not so!–you are my mother.

 

Gertrude

Nay, then, I’ll set those to you that can speak.

 

Hamlet

Come, come, and sit you down; you shall not budge;

you go not till I set you up a glass

where you may see the inmost part of you.

 

Gertrude

What wilt thou do? thou wilt not murder me?

Help, help, ho!

 

Polonius

(Behind) What, ho! help, help, help!

 

Hamlet

(Drawing) How now! a rat? Dead, for a ducat, dead!

Makes a pass through the arras

 

Polonius

(Behind) O, I am slain!

Falls and dies

 

Gertrude

O me, what hast thou done?

 

Hamlet

Nay, I know not:

Is it the king?

 

Gertrude

O, what a rash and bloody deed is this!

 

Hamlet

A bloody deed! almost as bad, good mother,

As kill a king, and marry with his brother.

 

Gertrude

As kill a king!

 

Hamlet

Ay, lady, ‘twas my word.

(Lifts up the array and discovers Polonius)

Thou wretched, rash, intruding fool, farewell!

I took thee for thy better: take thy fortune;

Thou find’st to be too busy is some danger.

Leave wringing of your hands: peace! sit you down,

And let me wring your heart; for so I shall,

If it be made of penetrable stuff,

If damned custom have not brass’d it so

That it is proof and bulwark against sense.

 

Gertrude

What have I done, that thou darest wag thy tongue

In noise so rude against me?

 

Hamlet

Such an act

That blurs the grace and blush of modesty,

Calls virtue hypocrite, takes off the rose

From the fair forehead of an innocent love

And sets a blister there, makes marriage-vows

As false as dicers’ oaths: O, such a deed

As from the body of contraction plucks

The very soul, and sweet religion makes

A rhapsody of words: heaven’s face doth glow:

Yea, this solidity and compound mass,

With tristful visage, as against the doom,

Is thought-sick at the act.

 

Gertrude

Ay me, what act,

That roars so loud, and thunders in the index?

 

Hamlet

Look here, upon this picture, and on this,

The counterfeit presentment of two brothers.

See, what a grace was seated on this brow;

Hyperion’s curls; the front of Jove himself;

An eye like Mars, to threaten and command;

A station like the herald Mercury

New-lighted on a heaven-kissing hill;

A combination and a form indeed,

Where every god did seem to set his seal,

To give the world assurance of a man:

This was your husband. Look you now, what follows:

Here is your husband; like a mildew’d ear,

Blasting his wholesome brother. Have you eyes?

Could you on this fair mountain leave to feed,

And batten on this moor? Ha! have you eyes?

You cannot call it love; for at your age

The hey-day in the blood is tame, it’s humble,

And waits upon the judgment: and what judgment

Would step from this to this? Sense, sure, you have,

Else could you not have motion; but sure, that sense

Is apoplex’d; for madness would not err,

Nor sense to ecstasy was ne’er so thrall’d

But it reserved some quantity of choice,

To serve in such a difference. What devil was’t

That thus hath cozen’d you at hoodman-blind?

Eyes without feeling, feeling without sight,

Ears without hands or eyes, smelling sans all,

Or but a sickly part of one true sense

Could not so mope.

O shame! where is thy blush? Rebellious hell,

If thou canst mutine in a matron’s bones,

To flaming youth let virtue be as wax,

And melt in her own fire: proclaim no shame

When the compulsive ardour gives the charge,

Since frost itself as actively doth burn

And reason panders will.

 

Gertrude

O Hamlet, speak no more:

Thou turn’st mine eyes into my very soul;

And there I see such black and grained spots

As will not leave their tinct.

 

Hamlet

Nay, but to live

In the rank sweat of an enseamed bed,

Stew’d in corruption, honeying and making love

Over the nasty sty.

 

Gertrude

O, speak to me no more;

These words, like daggers, enter in mine ears;

No more, sweet Hamlet!

 

Hamlet

A murderer and a villain;

A slave that is not twentieth part the tithe

Of your precedent lord; a vice of kings;

A cutpurse of the empire and the rule,

That from a shelf the precious diadem stole,

And put it in his pocket!

 

Gertrude

No more!

 

Hamlet

A king of shreds and patches,

Enter Ghost

Save me, and hover o’er me with your wings,

You heavenly guards! What would your gracious figure?

 

Gertrude

Alas, he’s mad!

 

Hamlet

Do you not come your tardy son to chide,

That, lapsed in time and passion, lets go by

The important acting of your dread command? O, say!

 

Ghost

Do not forget: this visitation

Is but to whet thy almost blunted purpose.

But, look, amazement on thy mother sits:

O, step between her and her fighting soul:

Conceit in weakest bodies strongest works:

Speak to her, Hamlet.

 

Hamlet

How is it with you, lady?

 

Gertrude

Alas, how is’t with you,

That you do bend your eye on vacancy

And with the incorporal air do hold discourse?

Forth at your eyes your spirits wildly peep;

And, as the sleeping soldiers in the alarm,

Your bedded hair, like life in excrements,

Starts up, and stands on end. O gentle son,

Upon the heat and flame of thy distemper

Sprinkle cool patience. Whereon do you look?

 

Hamlet

On him, on him! Look you, how pale he glares!

His form and cause conjoin’d, preaching to stones,

Would make them capable. Do not look upon me;

Lest with this piteous action you convert

My stern effects: then what I have to do

Will want true colour; tears perchance for blood.

 

Gertrude

To whom do you speak this?

 

Hamlet

Do you see nothing there?

 

Gertrude

Nothing at all; yet all that is I see.

 

Hamlet

Nor did you nothing hear?

 

Gertrude

No, nothing but ourselves.

 

Hamlet

Why, look you there! look, how it steals away!

My father, in his habit as he lived!

Look, where he goes, even now, out at the portal!

Exit Ghost

Gertrude

This the very coinage of your brain:

This bodiless creation ecstasy

Is very cunning in.

 

Hamlet

Ecstasy!

My pulse, as yours, doth temperately keep time,

And makes as healthful music: it is not madness

That I have utter’d: bring me to the test,

And I the matter will re-word; which madness

Would gambol from. Mother, for love of grace,

Lay not that mattering unction to your soul,

That not your trespass, but my madness speaks:

It will but skin and film the ulcerous place,

Whilst rank corruption, mining all within,

Infects unseen. Confess yourself to heaven;

Repent what’s past; avoid what is to come;

And do not spread the compost on the weeds,

To make them ranker. Forgive me this my virtue;

For in the fatness of these pursy times

Virtue itself of vice must pardon beg,

Yea, curb and woo for leave to do him good.

 

Gertrude

O Hamlet, thou hast cleft my heart in twain.

 

Hamlet

O, throw away the worser part of it,

And live the purer with the other half.

Good night: but go not to mine uncle’s bed;

Assume a virtue, if you have it not.

That monster, custom, who all sense doth eat,

Of habits devil, is angel yet in this,

That to the use of actions fair and good

He likewise gives a frock or livery,

That aptly is put on. Refrain to-night,

And that shall lend a kind of easiness

To the next abstinence: the next more easy;

For use almost can change the stamp of nature,

And either [ ] the devil, or throw him out

With wondrous potency. Once more, good night:

And when you are desirous to be bless’d,

I’ll blessing beg of you. For this same lord,

To Polonius

I do repent: but heaven hath pleased it so,

To punish me with this and this with me,

That I must be their scourge and minister.

I will bestow him, and will answer well

The death I gave him. So, again, good night.

I must be cruel, only to be kind:

Thus bad begins and worse remains behind.

One word more, good lady.

 

Gertrude

What shall I do?

 

Hamlet

Not this, by no means, that I bid you do:

Let the bloat king tempt you again to bed;

Pinch wanton on your cheek; call you his mouse;

And let him, for a pair of reechy kisses,

Or paddling in your neck with his damn’d fingers,

Make you to ravel all this matter out,

That I essentially am not in madness,

But mad in craft. ‘Twere good you let him know;

For who, that’s but a queen, fair, sober, wise,

Would from a paddock, from a bat, a gib,

Such dear concernings hide? who would do so?

No, in despite of sense and secrecy,

Unpeg the basket on the house’s top.

Let the birds fly, and, like the famous ape,

To try conclusions, in the basket creep,

And break your own neck down.

 

Gertrude

Be thou assured, if words be made of breath,

And breath of life, I have no life to breathe

What thou hast said to me.

(…)

Hamlet

Mother, good night. Indeed this counsellor

Is now most still, most secret and most grave,

Who was in life a foolish prating knave.

Come, sir, to draw toward an end with you.

Good night, mother.

Exeunt severally; Hamlet

(Dragging in Polonius)

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