El Bronx de Bogotá

El proceso urbanístico desarrollado en Bogotá, sin una política de seguridad integral enmarcada en una visión amplia de ciudad, generó la atomización de sectores deprimidos en nuevas zonas tales como “Danubio”, “El Cartuchito” y “Juan Amarillo” y fortaleció algunos ya existentes como “Cinco Huecos”, “San Bernardo” y la “Calle del Bronx”.

Esta última, la calle del Bronx, se constituyó en  el sector más reconocido por su nexo con las mafias que controlaban, y controlan aún, el tráfico de estupefacientes y demás actividades delictivas vinculadas a este fenómeno. La ausencia de intervención efectiva confundió en su momento la asistencia social de sectores vulnerables con la permisividad frente a conductas ilegales que se desarrollaban al interior de esta supuesta “tierra de nadie” que contaba con estructuras de poder que trascendían sus fronteras materiales y permeaban paulatinamente no solo los territorios aledaños sino también las dinámicas de toda la ciudad.

Parte de dichas actividades que allí se presentaban era la vinculación de reducidores para la compra de los elementos robados como factor económico para el control del mercado de alucinógenos, el alquiler de armas para la ejecución de las diversas modalidades de delito, la creación de oficinas de cobro y cuerpos de seguridad ilegales, hasta llegar al posicionamiento de una productividad ilegal dentro de la zona de actividades manifestadas en negocios como la prostitución, incluida la de menores de edad, la falsificación de documentos, la fabricación y expendio de licor adulterado, el bodegaje de insumos y la trata de personas, entre otros.

Las dos escasas cuadras que hoy subsisten en la localidad de Los Mártires, en Bogotá, son el rescoldo de lo que fue alguna vez El Cartucho. Ahora se llama el Bronx. Unas pocas calles en las cuales no hay más de 55 casas, algunas de varios pisos y miles de cambuches – precarias viviendas construidas con materiales rústicos o de desechos– en andenes y calles. Aquí, en su pequeño gemelo de Bogotá, el Bronx es el resguardo de la delincuencia común y operan los mismos vicios que en el condado de Nueva York pero  aquí salen en el día a atracar a bogotanos y en la noche se esconde entre las sombras intocables de una zona sin ley.

Este Bronx bogotano hace parte del barrio donde está  también  la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús o del Voto Nacional –hoy  hace parte de la Arquidiócesis de Bogotá – el papa Pablo VI la elevó a basílica menor en 1964. Once años más tarde ya era monumento nacional  que comenzó a ser construida en 1881 por devotos al Sagrado Corazón de Jesús, devotos  que veneraban su imagen desde mediados del siglo XIX en Colombia. Finalizada, en 1902,  la sangrienta  Guerra de los Mil Días la iglesia pasó a ser de interés del Gobierno, al convertirse en símbolo del Voto por la Paz Nacional y permitir la consagración del país y sus ciudadanos a la protección del Sagrado Corazón de Jesús.

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Catedral de Bogotá, a siete cuadras del Bronx

Los investigadores que han ido y han leído todo sobre el Cartucho, dicen que el nombre se debe a las flores blancas conocidas como cartuchos. Ya en los tiempos de la Independencia el cartucho se producía y cultivaba en el extremo occidental del barrio, en un jardín que nacía durante la época de lluvias en la confluencia de los ríos San Francisco y San Agustín. También la calle ha sido conocida como la del Cartucho desde mediados del siglo XX, pues debido a la vecindad de la plaza de mercado se había especializado su comercio a la recuperación de materiales, como envases, botellas y materiales de construcción.

En el marco del parque, antes la plaza, la iglesia del Voto Nacional de estilo grecorromano, fue remodelada entre 1902 y 1918. En ese costado y el norte sobreviven algunas de las grandes casonas de estilo republicano. A comienzos  primeras décadas del siglo XX, este Bronx era un sector lujoso llamado barrio Santa Inés; un comercio floreciente, el paso del ferrocarril y la presencia de paraderos de buses intermunicipales le daban vida al barrio.

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Habitantes y usuarios del Bronx

El Bronx se encuentra detrás de la iglesia del Voto Nacional, y tiene apenas unas cuadras de distancia del Comando Central de la Policía Nacional de Bogotá.

Sabemos que el 9 de abril de 1948 el pueblo enardecido por el asesinato de Jorge Eliecer Gaitán, a (ver blog  www.furibe.com )  desató lo que luego la historiografía llamó  el Bogotazo,  un episodio de violentas protestas, desórdenes y represión en el centro de Bogotá

Hubo destrucciones, incendios y saqueos y esto afectó a varias de las construcciones del barrio Santa Inés situado muy cerca del lugar donde mataron a Gaitán, la iglesia quedó seriamente afectada. El barrio Santa Inés empezó a decaer sus habitantes se trasladaron a los nuevos barrios del norte de la ciudad y en su lugar se pobló de desplazados por la violencia y personas en busca de oportunidades para vivir. La principal degeneración del barrio se le atribuye a la demolición de la plaza central de mercado.

De esta manera, la zona se empezó a poblar de desplazados y de provincianos que venían a probar suerte a la capital. Algunos creen que la zona se maldijo por derribar la iglesia original. Lo cierto es que el barrio Santa Inés empezó a decaer profundamente hasta que se convirtió en lo que conocemos ahora. Apareció El Cartucho, había de todo: niños, ancianos, jóvenes universitarios, empresarios prestigiosos, profesionales de renombre. Todos, absolutamente todos tocados por la desgracia de las drogas que un día llegaron a sus vidas y no pudieron salir de allí. Cayeron tan profundo como era posible y terminaron en el abismo de anonimato que se vive en el Cartucho. Sólo les quedaba sobrevivir.

En los años 1980 el barrio ya estaba invadido por traficantes de droga (conocidos como jíbaros), indigentes, prostitutas y delincuentes lo que lo convirtió en uno de los barrios más peligrosos donde se practicaban asesinatos, tráfico de drogas, mutilaciones y otros crímenes que pasaban desapercibidos ante la ciudadanía y donde la policía rara vez entraba y las casas y bodegas debido a su gran descuido fueron deteriorándose. A mediados de los años 1990 la zona era ya impenetrable e irrecuperable. Una fiesta que tiene abiertas sus puertas todos los días de la semana, a cualquier hora del día, donde se baila choque y se ofrece una gran variedad de licores y drogas como marihuana, bazuco, perico y pepas. Allí se ven menores de edad y adultos.

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Habitantes y usuarios del Bronx

El alcalde de Bogotá (2016 – 2019) decidió acabar con El Cartucho. Varios encuentros violentos y fuertes tuvieron lugar entre la Policía y los habitantes del sector, quienes se negaban a ser sacados de allí. Cerca de 10.000 personas requerían ser reubicadas; muchas de ellas fueron puestas en centros de rehabilitación e incluso se emplearon en algunas entidades del Distrito. Pero otro tanto permaneció allí, inamovible.

Las autoridades ganaron la pelea y la zona de El Cartucho fue desmantelada. En su lugar, se construyó el parque Tercer Milenio y se recuperó el área en un 80%. El Cartucho se convirtió en un par de cuadras, lo que ahora se conocen como El Bronx. Las historias sobre el levantamiento de El Cartucho son tantas como escalofriantes: van desde los cuerpos de bebés y niños apilados en el sótano de lo que en alguna época fuera una escuela, hasta un policía enterrado con casco y moto. Cientos de restos humanos fueron encontrados enterrados torpemente entre el asfalto agrietado, el lodo, la tierra y los huecos. Los restos de todos aquellos que perecieron allí, por las drogas o por la delincuencia.

Durante el año 1998 la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó un informe donde afirmaba que El Cartucho era una de las zonas más peligrosas de Latinoamérica. Para ellos el Bronx es la zona más peligrosa de la ciudad y alberga cerca de 2.000 personas, quienes se encuentran inmersos entre las drogas, la delincuencia común y la prostitución.

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Un buen día hasta allí llegó la señora Berta buscando a su hija de 14 años de edad, después de que recibiera varios mensajes que alertaban que Maritza  se encontraba desde hacía varios días deambulando esa zona de rumba en rumba, consumiendo drogas y ‘pepas’, siendo abusada en reiteradas oportunidades.

Berta relató que para entrar al sitio tenía que pasar varios cordones de seguridad antes de llegar a la discoteca que usan los jíbaros –expendedores de droga– como carnada para atraer a los jovencitos adictos. Tuvo que burlar a varios campaneros o vigilantes antes de llegar a La casa verde nacional, donde residen las personas que llegan al Bronx atraídas por las drogas y se quedan, pero no le fue posible entrevistarse con el ‘administrador’, pues se percataron que un agente de la policía, vestido de civil, la había acompañado una cuadra antes de ingresar.

Sin saber nada de su hija, Berta salió desconsolada del Bronx de Bogotá. Sin embargo, dos semanas después la encontró en una casa en Bosa, un barrio al sur de Bogotá, totalmente irreconocible, “sucia, oliendo feo, casi en la indigencia”.

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Habitantes y usuarios del Bronx

El viacrucis de ambas mujeres, madre adoptiva e hija, inició en diciembre del 2014, cuando Mariana empezó a sufrir los rigores de la adolescencia y las consecuencias del abandono de su madre progenitora. “Ella se fue de mi casa hace año y medio porque era muy rebelde, y decidió irse a vivir con el papá, pero él no le prestaba atención y se le empezó a ver el cambio. Ella después me dijo que la familia del papá la trataba muy mal, los primos no le daban de comer, y la dejaban por fuera de la casa cuando él no estaba”, le relató a este medio Berta.

“Por su comportamiento, la cambiamos de colegio el año pasado, y ella misma me contó que las compañeras del curso la convidaron a ir al Bronx para que conociera las farras chéveres que hacían allá, y la incitaron a fumar marihuana en el Bronx tranquilamente, porque nadie las molestaba, ni les pedían cédula para ir a las farras (…) Mariana nos dijo que la primera vez que consumió drogas fue en diciembre del 2014”.

No obstante, Berta tuvo que comprobar con sus propios ojos hasta dónde había llegado su hija. “Me di cuenta una vez que ella llegó con un piercing en la frente y estaba como rara, como si estuviera drogada. En ese momento decidimos acudir al Bienestar Familiar en Bosa, y allí nos iniciaron un proceso ambulatorio desde febrero del 2014. Allá empezaron a darnos orientación, terapias”.

Maritza le reveló a su madre que en tres oportunidades fue hasta el Bronx de Bogotá en busca de diversión, rumba y drogas. “Ella entraba  a las farras, consumía drogas, volvía y salía. Por mucho se quedaba una noche allá mientras duraba la rumba. Sin embargo, ella aseguró que en las farras no entran los indigentes, sino muchachos normales, con gafas oscuras, donde también hay mayores de edad”.

Pero, la última de sus visitas le salió demasiado costosa. “Esto ocurrió en julio siete del año pasado, cuando ella estaba en esas farras, al lado de un sitio que es conocido como los billares, donde queda un bar. Me contó que allá estaba bailando con un muchacho de 25 años aproximadamente, quien le empezó a decir que le gustaba bastante, intentó besarla y la convenció para que se fueran de ahí. Compraron comida y ella le dijo que tenía sueño, y él le dijo que le pagaba una pieza y la dejaba durmiendo.

(…) Entonces entraron a un sitio muy feo, donde a él lo conocían, pero cuando Maritza se acostó a dormir el tipo no se quiso ir, y le dijo que tenía que estar con él, y ella empezó a llorar, y él le pegó, y la amenazaba con llevar a otros tipos. Le quitó la ropa y le dijo que si no tenían sexo le seguía pegando, y finalmente tuvieron relaciones”.

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Habitantes y usuarios del Bronx

El relato de lo que pasó ese día se lo contó Maritza a su madre casi 20 días después de ocurridos los hechos, pues por el sentimiento de culpa decidió huir. “Al final la encontramos el 18 de julio del año pasado en unas condiciones terribles, olía feo, y nos dijo que en varias ocasiones había dormido en la calle”.

Berta denunció que hasta el momento las autoridades “no han iniciado una investigación en contra del tipo que abusó de mi hija. Por el momento han interrogado a mi hija para saber que lo que dice sea verdad. Sin embargo, intenté poner la denuncia ante la Fiscalía, pero allá me dijeron que como la custodia de mi hija ya no la tenemos nosotros, el Bienestar Familiar era el encargado de hacer todo ese proceso”.

Actualmente ni Berta ni el papá de Maritza tienen su custodia, la cual quedó a cargo del Bienestar Familiar, y la menor de edad fue remitida a un centro de emergencia en julio, donde estuvo hasta finales de agosto, cuando finalmente fue remitida a un hogar de paso en Madrid, Cundinamarca, donde deberá permanecer por un lapso de seis meses, que se cumple este mes de febrero.

Allá en Madrid, Maritza se encuentra recibiendo terapias de desintoxicación y rehabilitación, así como acompañamiento psicológico. Berta también recibió la ayuda de la fundación Anne Frank, organización que ha estado al frente de la búsqueda de varias niñas que han quedado atrapadas en las garras del Bronx de Bogotá.

 

P. S.: El pasado 28 de mayo de 2016, el alcalde Enrique Peñalosa con un fuerte operativo militar llevó a cabo un operativo que acabó el Bronx, la ‘olla’ más grande del narcotráfico en el país, fin a un horror que, por años, funcionó a pocas cuadras de la Plaza de Bolívar y la Casa de Nariño.

19 de agosto de 2016