La guaracha I

La guaracha del Macho Camacho de Luis Rafael Sánchez   

Escritura neobarroca, insularismo, oralidad

                

Escribo para entablar un diálogo crítico, vivo, a fuego cruzado, con mi país y con mi tiempo;

para mediar entre los asombros producido por la realidad que me rodea

y mi persona que la padece: Lo que es un riesgo excepcional

si se vive en las Antillas, si se es hijo del Caribe,

ese alucinante archipiélago de fronteras. 

No llores por nosotros Puerto Rico

Luis Rafael Sánchez

 

 

Introducción

El presente escrito se ocupa de La guaracha del Macho Camacho (En adelante La guaracha). Noviembre de 1936, Sánchez nació en Humacao, municipio en la región de la costa del llamado Estado Libre Asociado de Puerto Rico. Humacao, fundado en abril de 1722 y conocido también como “La Ciudad Gris”, “La Perla del Oriente” y “Los Roe Huesos”. La guaracha, es un cáustico y entretenido retrato de un mundo alienado y alienante de la vida diaria de Sánchez, Puerto Rico, que el autor ha reconocido y recorrido. La manera como el autor utiliza recurrentemente el lenguaje cálido del Caribe boricua; sus protagonistas son personajes que encarnan las clases sociales, encajonado todos en la novela.

Luis Rafael Sánchez

Nuestro propósito con este estudio es dar cuenta de La guaracha, sus orígenes, su estructura, su diálogo vigente con la teoría literaria de nuestros días, sus personajes, la temática central. ¿Por qué una primera lectura de la novela nos deja una serie de inquietudes y reflexiones acerca, tanto del contexto cultural y social en que se desarrolla, como del lenguaje y de esas expresiones, formas y filigranas neobarrocas, englobadas en lo que Bajtín (1971) llama una literatura carnavalizada. 

El trabajo supone entonces estudiar en profundidad todas estas particularidades. Es necesario analizar cada una de ellas, indagar por sus peculiaridades, orígenes; por los autores y los teóricos que se han ocupado del asunto, por títulos de novelas y temas semejantes. En otras palabras, se propone una hermenéutica textual, a la luz de los teóricos y de la teoría literaria, direccionada por categorías que son conceptos claves de análisis de asuntos que arropan la novela: Barroco y neobarroco, oralidad, intertextualidad, carnavalización literaria y poética de lo soez. El análisis juicioso de cada uno de estos asuntos nos permitirá sacar una serie de conclusiones que verteremos en la interpretación de lo que aquí llamamos el tejido de la novela.

Adicionalmente dar cuenta de algunos datos particulares sobre Luis Rafael Sánchez como cuentista, novelista, dramaturgo y ensayista. Ello nos lleva a indagar acerca de la creación literaria del autor, antecedentes, trayectoria,  opiniones de él, valoraciones de la crítica, la situación de Puerto Rico. En suma, buscamos un acercamiento detallado a La guaracha y un acercamiento general a la vida y obra del autor y al contexto en el que se inscriben tanto él, como la novela.     

La guaracha narra sustancialmente aspectos varios de las vidas de dos familias, seis personajes. De un lado: el senador Vicente Reinosa, su esposa Graciela Alcántara y López de Montefrío, y su hijo Benny; del otro lado: La Madre (La China Hereje) y su hijo bobo El Nene, y Doña Chon, vecina de La Madre. Reinosa es abogado y senador conservador, hombre adinerado y de familia con linaje (su árbol genealógico hunde sus raíces en la noche de los siglos hasta llegar a la Beltraneja (1), se cree un caballero de principios religiosos y reputación social intachables. Gracias a su habilidad ha logrado crearse una imagen de político que defiende los intereses de los desheredados. Sus amigos y correligionarios le acusan de regirse por tres nortes: la elegancia, la oratoria y las mujeres, al ser posible negras o mulatas. El senador Reinosa tiene una amante, La Madre,  conocida con el apodo de la China Hereje (Para efectos de los nombres de los personajes, y de otros nombres, en este trabajo respetaremos aquellos que el autor señala en la novela siempre con mayúscula: La Madre, El Nene, La China Hereje, etcétera.).

La esposa del senador Reinosa es Graciela Alcántara, aristocrática y aristocratizante dama refinada, uñas esmaltadas por Virginale (2), bolso de cabritilla, vestidos de seda italiana, evoca frecuentemente sus años dorados en Suiza nevada y pura en donde fue educada. (Su árbol genealógico también  es bien antiguo, el apellido Alcántara llega al tronco de Guzmán El Bueno). Vive afligida porque pronto cumplirá cincuenta años, sufre de frigidez, consulta frecuentemente al psiquiatra, el doctor Severo Severino.

El hijo de Graciela y Vicente Reinosa, se llama Benny, estudió en el jardín infantil de las madres teresianas y en el liceo de los padres redentoristas,  joven mimado, una mezcla de hijo de papi  y falso playboy, posee, desde su decimoctavo aniversario, un lujoso automóvil Ferrari, especie de fetiche maravilloso que cuida con amor.

La Madre / La China Hereje. Desde hace seis meses, cuenta el narrador, es la amante del senador Reinosa. Tiene un hijo hidrocéfalo, El Nene, de tres años de edad, al que su madre lleva a tomar el sol a un parquecito de una calle cercana. Amiga de La Madre es Doña Chon, gorda extravagante. Doña Chon  cuida de El Nene cuando su vecina, La Madre/La China Hereje sale a encontrarse con el senador.

Tenemos también al locutor de radio o disc-jockey (Nos referiremos siempre a él como el locutor); siempre que los escuchamos nos da la sensación de que está hablando desde una cabina de radio, es la voz de un locutor con mucha trayectoria, quien recurrentemente promueve la guaracha del Macho Camacho (la canción). Es la que voz abre y cierra las partes en las que está dividida la novela.

El otro protagonista es el narrador que en unas ocasiones representa al autor (en ocasiones hablaremos del autor-narrador). Como se ve al final, el narrador resulta siendo el gran protagonista de La guaracha. Es simultáneamente personaje de la novela y observador, todo lo sabe: la vida y andanzas de los distintos personajes, sus amistades, sus relaciones familiares, lo que ven en el cine o la televisión, lo que leen o no leen, como en el caso de Benny… iletrado impenitente, el narrador se entromete con frecuencia en los prados del autor, opina, critica, chismosea. 

La guaracha tiene su propia génesis en el cuento de Sánchez La guaracha del Macho Camacho, otros sones calenturientos el cual apareció en la revista Amaru de Lima, diciembre de 1969, en el número en que el escritor Vargas Llosa dedicara a Puerto Rico. No sabemos bien por qué el cuento quedó por fuera de la edición (Probablemente porque la composición de La guaracha se demoró entre siete y ocho años,  Sánchez quería o pretendía que sus lectores se olvidaran del cuento) de uno de sus primeros libros En cuerpo de camisa de 1984, que incluye otros cuentos de esta etapa. 

En forma sintética, apenas ocho cuartillas, el cuento precede los planteamientos y esquemas generales de la novela: reiterativa, polifónica y fragmentada. Hay algunos elementos que desaparecen, se amplían, o sufren transformaciones. El título destaca dos aspectos importantes que se desarrollan en profundidad en la novela: la música antillana (guaracha, sones) y el machismo. El cuento aporta a la novela un humor más definido y recurrente hacia lo grotesco. Precisamente, el realismo grotesco, apenas incipiente en el cuento, adquiere ahora nuevos matices. En la novela el examen de la realidad cobra caracteres violentos: el humor corrosivo –según definición del propio Sánchez- ataca la violencia del contexto con la violencia de la palabra y la imagen.

De todas maneras encontramos los mismos personajes: el niño bobo (El Nene), su madre (La Madre, que es la misma Dalila y/o China Hereje), y Doña Chon. Ellos conforman una familia (que algunos críticos llaman una de las triadas). La otra familia (triada) está conformada por el senador Reinosa, su esposa Graciela el hijo Benny. El cuento está dividido en tres partes. La primera narra el éxito de la guaracha. Se escucha la voz del locutor que se sitúa en el ámbito de los medios de comunicación masivos. Se caracteriza por la repetición, la cacofonía, el pleonasmo, la vulgaridad, el tono exagerado y el disparate. Se dirige al público para “venderle el éxito de la guaracha, que es obra de un hombre pobre que se ha abierto camino en la vida: lo que el Macho Camacho ha puesto en su guaracha es su alma suya, su corazón suyo. Desde su posición privilegiada el locutor estimula la aceptación de la canción y exalta el mensaje ideológico La vida es una cosa fenomenal, mientras exhorta al relajamiento colectivo: ¡Arriba el vacilón! 

La segunda parte narra la miseria y el esplendor de algunos patrocinadores y detractores de La guaracha del Macho Camacho. Es decir, las historias de los personajes, y su posición frente a la canción; esta parte se divide en ocho fragmentos precedidos por frases de la canción.

La tercera parte, como en la novela, transcribe el texto de la canción y constituye el cierre del relato. Cada sección está precedida por un subtítulo que parodia los títulos de los capítulos del Quijote: Donde se comenta el éxito lisonjero de La guaracha del Macho Camacho LA VIDA ES UNA COSA FENOMENAL, según la información ofrecida pos disqueros, locutores y microfontes. La transcripción nos permite comprender que la segunda parte del relato está construida utilizando estrictamente los versos de la canción y que solo queda el último verso la negra se va a alborotar. En este sentido, las historias de los personajes quedan ubicadas entre la voz del locutor (texto “oral”) y la guaracha (texto escrito). Aunque fragmentada, la estructura del relato es, por tanto, lógica y referida al orden del texto. El desarrollo progresivo no implica que encontremos una estructuración tradicional de introducción, desarrollo, punto culminante y desenlace; pues no se trata de una historia de acción cuyo conflicto se intensifique, haga crisis y resuelva. Más bien se trata de las historia de un texto y no de historias sobre personajes. Lo importante aquí es la presencia avasallante de la canción. En conclusión, La guaracha del Macho Camacho, otros sones calenturientos constituye uno de los borradores explícitos de la novela y una de sus intertextualidades fundamentales.

Volviendo con la novela que nos ocupa, digamos que La guaracha es una sátira sociopolítica y cultural en la que Sánchez presenta un panorama  de un mundo alienado y alienante del Puerto Rico que ha conocido, recorrido y descrito. El discurso narrativo del autor utiliza recurrentemente el lenguaje coloquial de sus personajes para identificar y ambientar la clase social a la que pertenecen y logra un efecto en los lectores al insertar el lenguaje que los caracteriza en la trama narrativa.

Se ha dicho que La guaracha es una novela barroca –o neo-barroca-, forma y visión que ha sido estudiado a fondo, en el caso de la narrativa hispanoamericana, por autores como A. Carpentier, R. González Echevarría, S. Sarduy o C. Figueroa, autores que seguiremos con otros que se han ocupado también de la estética neobarroca, y que referenciaremos un poco más adelante. La lectura de algunos de sus textos sobre el neobarroco se convirtió en punto de partida para desentrañar las características neobarrocas particulares que Sánchez le imprime a La guaracha. De este forma literaria se infiere, para los efectos de este trabajo, una carnavalización del lenguaje inscrita en lo que Bajtín llama literatura carnavalizada─ y que Sánchez ha hecho suya en célebre “Poética de lo soez”.

Se encuentra en La guaracha un lenguaje en el que Sánchez busca incorporar formas propias del discurso oral que obedecen a una lógica de oralidad cultural. Así, a lo largo de la novela el narrador habla permanentemente con el lector y con los personajes. Hay un locutor que al final de cada ‘capítulo’ se dirige al público. En otras palabras, hay un permanente diálogo que frecuentemente se capta mejor si se lee en voz alta… como si lo estuviéramos escuchando, lo que  en dramaturgia se llama eliminación de la cuarta pared.

Y todo ello atravesado por una intertextualidad que recorre toda lo novela. Genette (Palimpsestos, 1982) aborda la clasificación de los géneros literarios y llama intertextualidad las relaciones de los textos con ellos mismos y con los demás textos. En La guaracha se encuentra un intertextualidad genérica y  una específica. Genérica en tanto hay una relación con géneros y subgéneros literarios, como el esperpento de Valle-Inclán, las referencias a la épica, la sátira, la ironía o el diálogo con la picaresca. Y una intertextualidad específica que se expresa en citas de títulos y autores varios. Incluso encontramos con frecuencia una ‘auto-intertextualidad’ o ‘auto-referencia’ pues con frecuencia Sánchez acude a textos o comentarios de personajes de la misma novela o de otros textos suyos.

Algo que marca el espacio inter-textual de esta novela es una múltiple intensidad de estilos y recursos.  Así, la primera parte se centra en una caracterización de los personajes a través de sus propios discursos, los cuales están contaminados por paratextos, esto es, formas de intertextualidad; el abundante ejercicio intertextual de la novela, combina discursos y textos, siempre desde el eje de lecturas y reescritura del narrador-autor. El título de otro de los textos más conocidos de  Luis Rafael Sánchez “La importancia de llamarse Daniel Santos” (1989) es un claro ejemplo  de la intertextualidad que se presenta en relación con la obra dramática de Oscar Wilde, “La importancia de llamarse Ernesto”. (Aparte de que es una referencia irónica). Y, también de Sánchez, el cuento “La guaracha del Macho Camacho y otros sones calenturientos” que anticipa la novela,  ilustra claramente las coincidencias y muestra la intertextualidad entre la novela y el cuento.

Encontramos también en buena parte de la novela  un lenguaje oral. La oralidad  puede entenderse como una práctica que, a partir de la utilización y la articulación de diferentes códigos, lenguajes o registros, representa un determinado estado o sentido de la memoria. Sánchez echa mano de la oralidad y el resultado es un texto mural idiomático muy original, una especie de  manual de antropología cultural y sociológica del Caribe, una muestra de canibalización en la que el lenguaje oral devora supuestamente al texto escrito; “una escritura que mimetiza con suma habilidad el artificio y los mecanismos con los que el escritor se apropia de la cultura popular hasta convertirla en paradigma lingüístico, en metáfora de la cultura popular latinoamericana, en muestra poderosa de homenaje incondicionado al instinto de conservación, a la inmediatez de lo vital”.

En efecto, marcas de la oralidad en La guaracha son la confusión deliberada de tiempos y espacios, el estilo peculiar que refleja las fórmulas corrientes del habla de cada día (los refranes, los eslóganes, etc.) y los mensajes publicitarios como textos tipificados por la cultura de los medios de comunicación y de forma inmediatamente reconocible. Estas marcas están presentes desde el título y la “Advertencia” de la novela. A estas particularidades, se añade la intención de Sánchez de una radical fragmentación que atraviesa toda la novela y que se manifiesta en las unidades narrativas y en los fragmentos que la constituyen, desarrollados a lo largo de una serie de episodios sin relación aparente, una presunta fusión de narradores y protagonistas, una yuxtaposición deliberada de tiempos y espacios y una voluntad de estilo cuya fluidez arrastra elementos característicos de la lengua hablada.

Por ello, aunque parezca paradójico, La guaracha pertenece a ese reducido grupo de novelas que podríamos llamar “del lenguaje”, porque es el lenguaje su materia y su principal protagonista. Un lenguaje híbrido, identificado con la realidad del Caribe, una geografía de culturas e identidades múltiples, que tiene sus propias oralidades y polifonías. En ese marco encontramos que todos los sujetos de la novela, el autor incluido, monologan y dialogan permanentemente. Y muy frecuentemente parece que  lo hacen en voz alta.

La obra de Luis Rafael Sánchez, y en particular La guaracha del Macho Camacho,   ha sido estudiada desde diferentes ángulos críticos y perspectivas metodológicas. Distintos ensayistas, críticos  y académicos han abordado el estudio de su producción literaria, tratando de establecer la visión del escritor puertorriqueño, las marcas de su oficio narrativo; también existen lecturas de la concepción política y social del mundo que le rodea. Parte de esta crítica ha estudiado la situación histórica de Puerto Rico; país que soportó inicialmente 400 años de colonialismo español, y desde 1898, neo colonialismo norteamericano. Desde entonces la isla se ha visto forzada a asumir patrones de conducta y formas de vida que han afectado el desarrollo de una auténtica nacionalidad.

En La guaracha, Sánchez  señala en las primeras páginas: “…aquí en Puerto Rico, colonia sucesiva de dos imperios e isla del Archipiélago de las Antillas” (13 – 105). Esta frase nos ubica de inmediato ante la realidad expuesta por la novela.  Sabemos que desde el primer momento de la invasión norteamericana en 1898, E.E.U.U. intenta transformar la isla al servicio de los intereses de la metrópolis mediante el asedio cultural y económico. La peor consecuencia de esto fue la negación de la historia, de la libertad. El colonizado no es libre de elegirse como colonizado o colonizador. De esas condiciones políticas y sociales surgen las preocupaciones políticas y estética de Luis Rafael Sánchez. Y ese va a ser el punto de partida para su obra. Se propone reivindicar a su país, y contarles, a su manera, a sus conciudadanos  esa particular situación. Para ello recurre a los ‘bajos fondos’, a la cultura de los marginales y las clases desposeídas. Parte de ese trabajo ha desembocado en lo que  llama Hacia una poética de lo soez.

Es, en otras palabras, el estatus colonial de la isla lo que se convierte en estructura significativa que da cuenta de la multiplicidad de manifestaciones de enajenación social y, paralelamente de lingüística, que configuran el discurso novelado. Los contenidos, en el sentido del Puerto Rico de los 70 y prácticamente de hoy que retrata La guaracha, sus personajes, situaciones, son, sin lugar a dudas, enajenados. No pueden ser, para el autor y para el lector de La guaracha, nada más claro dentro de esa realidad colonial que presenta la novela.

Adicionalmente La guaracha plantea, de alguna manera, el problema de su vigencia en el contexto de la literatura latinoamericana, La prosa de Luis Rafael Sánchez está emparentada con la obra de muchos escritores pertenecientes a diversos siglos: Cervantes, Pérz Galdos, Valle Inclán, Palés Matos, Carpentier, Emulo Belaval, Cesaire, Sarduy, Arenas, Cabrera Infante, entre otros. Es difícil afirmar que, actualmente,  una literatura latinoamericana con un corpus homogéneo; críticos y lectores latinoamericanos podrían señalar distintos autores y tendencias. De todas maneras en el momento de problematizar los distintos aspectos culturales que se desarrollan en esta novela, salta a la vista que son aspectos que, hoy por hoy, tienen irrefutable actualidad: Colonialismo y neocolonialismo, género, etnias- Son. desde un punto de una perspectiva social, el sustrato que permite a Sánchez escribir La guaracha.

Resumiendo. El tema de la enajenación en La guaracha del Macho Camacho  se presenta de una manera muy compleja, no nos damos cuenta tan fácilmente que los personajes son conducidos a un ambiente hostil, como consecuencia, cada uno de ellos renuncia a la búsqueda de su felicidad y se mantienen fuera de su propia realidad. Con todo, la novela nos empuja por el sendero de la risa por donde se absorben situaciones políticas y sociales que no tienen nada de graciosas. Como si se tratara de un problema cultural en el cual nos estamos dejando llevar por el microcosmos que nos muestra la isla del Caribe y que nos obliga a preguntarnos si es cierto que la vida es una cosa fenomenal.

 

 

 

  1. Juana la Beltraneja, 1462-1530. Hija de Enrique IV de Castilla -sobre cuya impotencia circulaban amplios rumores en la corte- fue acusada de ser hija bastarda del favorito real, Beltrán de la Cueva.
  2. Virginale: línea fitocosmética 100% natural y proveniente de la agricultura biológica.

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